Creo que ya sabeis que tengo una gata. Pues bien, una de las cosas que más me encantan es jugar con ella: poner a prueba sus reflejos, su rapidez, su astucia, resistencia... en fin, juegos educativos para gatos. ¿El problema de todo esto? Siempre estoy llena de mordiscos que casi parecen arañazos y algún que otro arañazo. Alguna vez me había preguntado si no lo estaba haciendo bien del todo, porque he de decir que para el juego que le daba tenía pocas heridas de guerra. Eso me lo preguntaba hasta hoy. Macchia sale al jardin sin problemas y hace poco llegó a casa con un arañazo cerca del ojo. Hoy ha llegado con las patas ensangrentadas y un poco de sangre en la cara. El susto que tuve fue casi de infarto. Además no se dejaba mirar las patas, gruñia y todo eso. Como pude le he mojado las patas a ver si podía ver algo. Estaba muy reacia y yo muy preocupada, la sangre es muy escandalosa. Poco a poco ha ido lamiendose el agua de las patas y las tenía totalmente limpias. Eso ha sido un gran alivio, pero aun así para comprobar con una cuerda la he forzado a jugar de forma que sacara las uñas y así poderlas examinar mejor. No os podeis imaginar lo feliz que me he sentido al ver que mi gata de menos de medio año había salido ilesa de una trifulca con otros gatos más corpulentos.
Ahora más que nunca estoy orgullosa de mis heridas de juegos con la gata. Es muy cariñosa pero no es nada boba.
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